
Cuando era niña, Bertha Elisa Noeggerath Cárdenas soñaba con ser cantante. Pero no era solamente un sueño infantil. No tenía ni cinco años de edad cuando soñaba con estar sola en medio del escenario de un auditorio a su máxima capacidad.
Por las mañanas, le platicaba a su madre: “Anoche me aplaudieron tan bonito; es que canté muy bien”.
Esos sueños de niña poco a poco se fueron haciendo realidad. Cuando llegó a la adolescencia, Bertha Elisa dejó su natal Matamoros, Tamaulipas, una ciudad del norte de México, y se trasladó a Monterrey, la segunda urbe más importante del país.
Con una voz única, que la hacía distinguirse del resto de las aspirantes a cantantes profesionales, no le fue difícil encontrar un sitio como voz principal de la agrupación conocida como Toby y sus amigos con la que hizo largas temporadas en centro nocturno.
Su hambre de reconocimiento la hizo buscar otros horizontes y emigró nuevamente, esta vez a la Ciudad de México, capital de país donde encontró un ángel guardian: José José, mejor conocido como “El Príncipe de la Canción”.
Él, le aconsejó como modular su potente voz, cómo alcanzar las notas más impresionantes y le dio sus primeras oportunidades.
Bertha Elisa no sólo encontró la fama, también una nueva identidad: Dulce, nombre profesional que la acompaña hasta estos días.
Llegó la posibilidad de grabar su primer álbum, “La voz con alma”. Sus alcances vocales y pasión interpretativa llamaron la atención del maestro Armando Manzanero, compositor de clásicos como “Somos novios” y “Esta tarde vi llover”.
La mancuerna representó a México en el Festival Internacional de Mallorca de 1978 donde prácticamente arrasaron con todos los premios principales con el tema “Señor amor”, misma canción que compitió en el Festival de la Canción Yamaha en Tokio, Japón donde Dulce obtiene el premio de Mejor Intérprete.
Aprovechando su buena racha decidió incursionar en la actuación al aceptar el papel protagónico de la telenovela “Muñeca rota”.
La producción, transmitida semanalmente, estaba inspirada en la vida de Norma Jean Baker, mejor conocida como Marilyn Monroe.
Posteriormente vinieron sus participaciones en el Festival OTI de la canción donde repetidamente fue nominada como Mejor Cantante Femenina.
En 1981 volvió a representar a México en el Festival de la Canción de Bulgaria con “La cantante” y obtuvo, otra vez, el primer puesto como Mejor Intérprete.
Convertida en una cantante de renombre, su siguiente paso era grabar un disco acorde a sus dotes artísticas. En 1982 viaja a España donde se pone en manos del reconocido compositor y productor Rafael Pérez Botija, quien ha trabajado con artistas de la talla de Rocío Dúrcal, José José y recientemente con Enrique Iglesias.
El resultado de esa colaboración fue el disco “Heridas”, una compilación de temas fuertes, de amor y desamor que la colocaron como la baladista más importante de su generación con éxitos como “Déjame volver contigo”, “Heridas”, “Cara a cara”, “Cuál de los dos” y “Échame la culpa a mí”.
Durante 1984 Dulce presenta “Tu muñeca”, su segunda colaboración con Pérez Botija y el resultado es mucho más espectacular de lo que se esperaba gracias a hits radiales como “Tu muñeca”, “Hielo”, “Pájaro herido” y “Para mí sí vale”.
Uno año más tarde, Dulce decide cambiar de aires y se pone en manos del compositor, productor y arreglista argentino Luis Mircoli con quien graba “Lobo”, un disco de pop contemporáneo que la llevó a conquistar el premio de Álbum del Año en los Premios ACE, de Nueva York.
“Lobo”, “Soy una dama”, “Estamos a mano”, y “No te hagas tonto”, de autores como Mircoli, Luis Ángel, Marcia Bell, Amparo Rubín y Armando Manzanero alcanzaron los primeros lugares de popularidad en 1985.
Quizá el haber trabajado durante varios meses juntos, provocó que Mircoli y Dulce se enamoraran. Se casaron, emigraron a Cancún, en el Caribe mexicano y se convirtieron en padres de una niña a la que llamaron Romina.
La mancuerna Dulce-Mircoli elaboró algunos de los discos más sofisticados de la cantante: “Salvaje” (1986), “Invitación al amor” (1987), “Castillos de cristal” (1989), “Ay amor” (1990) y “Cosas prohibidas” (1991).
Las relaciones personales y profesionales entre Dulce y Mircoli concluyeron en 2002. Ella regresó a la Ciudad de México y él, permaneció en Cancún.
En el verano de 1993 Dulce saca “Testigo de una noche” que significó un nuevo rumbo musical y tres años más tarde continúa experimentando con “Dulce con Chamín Correa”, un tributo a los boleros tradicionales.
Tras una pausa de ocho años en los que se dedicó a explotar su faceta como actriz en telenovelas como “Soñadoras” (1998), “Mujeres engañadas” (1999), “Las vías del amor” (2002), “Mundo de fieras” (2006) y “Muchachitas como tú” (2007).
En 2004 presentó “Me gusta a morir”, nuevamente una incursión en otro estilo musical: mariachi moderno.
Su más reciente disco, “Homenaje a Camilo Sesto”, significó su retorno a las baladas.
Hoy, Dulce está convertida en una de las cantantes más importantes de México y de Latinoamérica y en búsqueda de nuevas aventuras musicales.
Autor: Miguel Ángel Arritola
Periodista mexicano con 20 años de trayectoria. Ha trabajado en los diarios más imporantes de México: “El Norte” y “Milenio”. Actualmente se encuentra desarrollando su propia sección de espectáculos por internet www.enelshow.com
